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Sobre la Casa H de Sou Fujimoto
Pasajes Diseño #20, Mayo, 2010


Fotografía de Iwan Baan.

Y la amiga le pregunta a la niña nada más entrar, "¿y dónde está tu terraza? Por que tus padres habrán construido una terraza en tu nueva casa, ¿verdad?". La niña, tomando aire, precipitadamente y sin descanso contesta con cierta condescendencia: "mi terraza, con una ventana en el techo y otra en el suelo, está al lado de un baño con piscina al lado de nuestra estancia secreta encima de una zona de estar al lado de mi habitación que está al lado de la de mis padres pero que son como una sola y encima de la entrada pero junto al salón al lado de la cocina junto al recibidor justo encima de la biblioteca ahí al fondo".
La amiga, de quien no descifraremos la edad por cortesía pero también porque la expresión en su cara sería la misma tuviera 4 como si tuviera 40 años, no sabe muy bien qué pensar. "¿Se habrá vuelto loca? ¿Es que tendrá problemas para orientarse? Pobre."
Pero la niña la mira impasible con la barbilla levantada, como si hubiese sido clínicamente precisa en su comentario. Así que sin más, y mientras esperan a que sus padres les acompañen a tomar una taza de té, la amiga se adentra en la casa cogida de la mano de su pequeña anfitriona. Piensa que por fin, después de tanto tiempo viendo en esas revistas de decoración y tendencias esas casas minimalistas, tan puras y perfectamente ordenadas, va a poder disfrutar en primera persona de una de ellas. Guarda en su interior, sin embargo, cierta envidia hacía sus amigos por no haber sido ella la primera en su círculo de amistades en construirse una casa tan simple (¡sólo hay que mirar la fachada!) tan en boga ahora mismo, y que tanta atención atrae para quienes la observan. No se puede pedir más cuando te construyes una casa nueva en Tokio.
Pero aun más que envidia, siente extrañeza que sean precisamente estos amigos, los más peculiares, como les gusta llamarles sus otros amigos, los que se hayan decidido a hacerlo. Requiere un poco de riesgo (¿dónde colgaran sus cuadros y guardaran los juguetes de la pequeña?) y una educación férrea para que el modo de vida no estropee la casa. Y siendo sinceros - piensa ella -, esta familia parece un poco... digamos, dispersa. Le ha dado ya muchas vueltas a la mejor palabra para definirlos, pero siempre decide que dispersos es mejor que raros, que seguramente ofendería a sus jóvenes amigos, sobre todo ahora que van a ser más amigos que nunca.
Gratamente sorprendida por la falta de puertas entre la cocina y el salón (¡tan espacioso!) la amiga persigue a la niña que ha comenzado a subir frenéticamente por las escaleras. Y antes de darse cuenta, su pequeña guía ha desaparecido de su vista mientras ella intenta por un momento orientarse. Evidentemente, los techos de cristal sobre la entrada y la cocina no ayudan en absoluto. Y mientras oye los pequeños y ajetreados pasos perderse sobre su cabeza, le parece haberla visto, por el rabillo del ojo, volando justo encima suyo. Pero claro, eso es imposible, así que se acerca al salón desde donde divisa la sala de estar y un confortable sofá desde donde poder descansar mientras regresan sus amigos. Al reposar, todo parece tranquilizarse, y justo cuando parece que todo vuelve a la normalidad, cuando su mente empezaba a recrear un mapa mental de lo visto en la casa y volvía a disfrutar, se le aparece una escalera que no va a ningún lado y a la vez oye a sus amigos entrar y saludarla desde la entrada.
Tratando de mostrarse serena, se acerca al salón donde se encuentra con ellos, pero se da cuenta de que no sabe qué decirles. ¿Es que acaso esto que ha visto hasta ahora es el "menos es más" del que tanto había oído hablar? No se encontraba nada cómoda sintiéndose tan perdida, así que se sienta junto a la gran mesa del salón a la espera de la taza de té y la conversación rápidamente se torna animada y pronto se olvida de donde está. Pero de nuevo, en un instante, su mirada se eleva inconscientemente para escudriñar las lámparas y allí está, tumbada y volando sobre su cabeza, su primera anfitriona. Ya no hay más remedio. A pesar de haber pensado que la pequeña estaba algo confundida, es ahora cuando se da cuenta de que todo lo que le había explicado en una sola pero muy larga frase va a convertirse en realidad. De que se va a encontrar una habitación junto a otra habitación con suelos de cristal, espacios con esos mismos suelos de cristal haciendo esta vez de techos, con ventanas que no miran al exterior sino a otra habitación, con la escalera que no va a ningún lugar, y con una piscina en el baño.
Todo en esta casa es inimaginablemente difícil para ella. Ella que tiene una vida bajo control. Ella que vive permanente en el mundo adulto. Ella que sabe qué pensar.
Al despedirse de sus amigos les confiesa con una sonrisa en los labios "ha sido un verdadero placer visitar la casa, tendremos que repetirlo muy pronto!", pero pensando en realidad al unísono "me temo que definitivamente esto no es lo que me esperaba", mientras la niña se despide desde el descansillo de la escalera que va a ninguna parte.
Cuando ya está afuera, camino de su casa y pensando en sus amigos y en la vida que les espera en su nuevo hogar, no es capaz de entender por qué se siente terriblemente culpable ni por qué se sintió tan triste cuando les deseo buena suerte. Quizás fue la casa la que le hizo sentirse así. Sólo sabe que a partir de ahora no podrá dejar de pensar que es ella quien de verdad necesita esa suerte.