Estudio Carme Pinós
Texto para la Fundación Caja de Arquitectos, 2004

Hoy parece que hace más frío que ayer. Casi tanto como en Madrid. Y eso que dicen que en Barcelona, con eso de estar al lado del mar, el tiempo se suaviza. Hombre, tampoco es que me haya abrigado demasiado. Una bufandita y unos guantes no me habrían venido mal. Mañana tendré que ser más precavido. Está bien, sólo tengo que andar 10 minutos y estaré en el estudio. No creas, al final me vino bien eso de cambiar de casa. Sí, antes estaba en pleno centro pero ahora ir a trabajar es un paseo. Un cigarro y listo para empezar la jornada. Como debe ser. Ahora compadezco a todos los que tienen que coger el coche o autobús para trabajar o estudiar. No sé como pude aguantarlo cuando estaba en la escuela…
¡Será posible! El Atlántico ya no se llama atlántico, ahora se llama Sabadell. Llevo ya más de un año pasando por aquí y hasta hoy no me había dado cuenta del cambio del letrero en la torre.
Ciento doce escalones. Es verdad que es más cómodo el ascensor pero pensando que es el único ejercicio diario que hago en toda la semana se lleva mejor. Y una vez arriba, a trabajar.

Sentado en su mesa, se pone a pensar en cuántos proyectos ha trabajado desde que entró en el despacho. Maquetas, planos, publicaciones, conferencias…

Es que no ha faltado ni una. Bueno, alguna que otra sí, pero son cosas que no pueden decidir. Además, qué extraña la manera de hacerlas. Lo primero con lo que me encontré fue con un proyecto de ejecución en pleno desarrollo. ¡Y cómo me iba yo a poner a hacer aquello! ¡Es de locos!

Se trataba de una escuela en Castelldefels. Un concurso que había sido ganado y un proyecto que ya había sido encajado. Ahora había que dibujarlo todo y ponerlo en orden.

No me podía imaginar que pudieran pedirse tantas cosas y que por ello se alargase el proceso de tal manera. Escaleras, más y más escaleras… parecían no acabar nunca. Y sí, todos los planos imaginables tuvieron que ser revisados una y otra vez…
Las diez, hora del café. Hoy me tomo uno largo, que aún no he entrado en calor y quedan unas cuantas horas por delante.

Aparece Carme y se toma un café con ellos. Corto y en tacita, como a ella le gusta. Les cuenta algo sobre un libro que está leyendo. A veces es difícil seguirla. Habla y reflexiona al mismo tiempo (tal y como parecía ser en las conferencias en las que le vio antes de trabajar allí).”Hay que leer no para saber más, sino para entender el mundo en el que vivimos” dice entusiasmada a propósito del libro. Y genera una discusión que ameniza el descanso. Como siempre.

Aunque no haya ceniceros y sea la cocina del estudio hay que reconocer que es un magnifico espacio de encuentros informales… con su luz y su gran mesa de madera... aquí se celebran cumpleaños, se hacen reuniones con los colaboradores más habituales y se cocinan paellas. Lo que se dice un espacio múltiple.

De vuelta a la mesa, se dan cuenta que han llegado nuevas fotos de la obra de la Torre Cube en México.

¡Ya están construyendo la fachada! Recuerdo ahora cuando dibujaba algunos planos y los enviábamos para allá... Ahora ya veo que se hacen realidad… si yo estoy emocionado, no puedo imaginar como se siente Carme… Es un gran proyecto, de esos que sabes que el tiempo lo pondrá en su sitio… y las publicaciones también lo saben. Aun no está terminado y no hemos hecho más que preparar material para muchas revistas.
Menudo mundo es el de las publicaciones. Cada revista pide archivos en un formato distinto de la anterior y otras fotos que no se hayan publicado antes.

Y es que en el estudio no hay un gabinete de prensa ni nada parecido. Carme y el que tenga un poco de tiempo seleccionan la información y se prepara a ratos. Sabiendo que es muy importante pero no tanto como la Arquitectura.

Bueno, en realidad últimamente me he tenido que ocupar yo de este tema; supongo que no es el trabajo más apetecible del despacho pero es muy necesario. Además, de esta manera he podido conocer muy bien proyectos antiguos de los que no habría sabido casi nada si no fuera por esto. Busca esta imagen, aquel plano o mira si sólo lo tenemos en papel.

De aquel modo descubrió los planos dibujados a mano. Planos que casi parecían mapas. Hechos con tanto cuidado… y guardados como pequeños tesoros. Le encanta aquel plano de la plaza de toros en Móstoles… o los de Petrer…

Y pensar que hay estudios donde nunca ves más allá de dónde trabajas. Aquí estás en contacto directo con todo y con todos. Carme está ahí casi siempre. Hay un diálogo, un intercambio que no siempre es posible en los estudios grandes. Y es que éste sigue manteniendo esa idea de pequeño estudio, un poco al margen de todas las presiones que se suponen en una oficina de arquitectura y del todo familiar.

Le vienen a la cabeza las personas que han trabajado con él en el estudio. Algunas de ellas se han marchado y otras no. Aunque la mayoría están ahí no por poco tiempo. Sebastián, Fréderic, Sabrina, Petra, Pablo, Olga… se fueron. Juanto, Marc, Elsa, Flora, Matteo, Samuel, Holger, David, aún siguen. Ya no sabe distinguir entre los que estuvieron con él durante la beca y los que no. Pero sí cree haber hecho algunos buenos amigos entre ellos.

Es muy extraño. Casi no soy capaz de distinguir la etapa de “estudiante” y la de ahora. Seguramente porque no hubo diferencia. Aunque si que se mucho más de cómo funciona un estudio. Cuáles son sus movimientos o cómo hay que manejarse entre tantas cosas. Basta ya. Hay que seguir dibujando, que no llegamos a la entrega…

Y así paso el día. Entremezclando sus pensamientos con los planos, las maquetas y Radio Clásica. Como un día más. Nada especial. O sí.