Doble Lectura
Sobre la Casa Doble en Almonacid (Zaragoza) de Langarita-Navarro arquitectos.
Pasajes Diseño #22, Septiembre, 2010

Los deseos de una pareja pueden proporcionar todo lo necesario para construir una casa que los satisfaga a todos sin renunciar en ningún momento a ninguno de ellos, duplicando en lugar de sintetizando. ¿Pueden estos mismos deseos y sus resultados responder también a una interpretación de la realidad más universal?


Fotografía de Luis Diaz Diaz.

Esta casa, la Doble, la que expresa los deseos de sus inquilinos, la que en lugar de homogeneizar un montón de anhelos o fundirlos en un único espacio propone, como dicen sus autores, la coexistencia de dos formatos de casa diferenciados que promuevan un estado de transición permanente, esta casa, también, nos habla de fragilidad. Y de inseguridad.
En una lectura paralela, más abstracta e intrigante, estos espacios intermedios de celosías y materiales más naturales, de comunicación amable con la naturaleza y de geometrías ambiguas, y seguramente por todo eso los espacios más relevantes de esta vivienda, nos revelan éstos también una excepcional metáfora del mundo en que vivimos. Porque ya no sólo deseamos tomar posesión del espacio, sino que de alguna manera, y más intuitiva que certeramente, también necesitamos auxiliarlo.
Los inquilinos y los arquitectos, en su intento de acercarse a la naturaleza y de demostrar su aprecio al entorno en que se encuentran, han firmado aquí de manera inconsciente un acuerdo en el que quedan semi-alejados de esa misma naturaleza mediante un entramado tridimensional. Como si en su deseo de acercarse, hubieran entendido también la necesidad de dar una respuesta más ambiciosa. Si antiguamente la naturaleza era aquello de lo que la gente necesitaba protegerse, en la actualidad, y desde hace ya demasiado tiempo, la naturaleza ha sido domesticada y ha quedado expuesta a los peligros que nosotros mismo generamos. La naturaleza ha pasado a necesitar ser protegida, y la arquitectura ya no sólo responde a la necesidad de protegernos de ella sino también a la de resguardar a la naturaleza misma. Los inquilinos han quedado convertidos, por el bien de la naturaleza, en las antiguas fieras.
Y es que si cuando llueve nos resguardamos y cuando tenemos miedo nos defendemos, ¿qué es lo que está ocurriendo cuando tenemos la inquietante necesidad de alejarnos de lo que más amamos?