Buscando a Wally / Recetas Urbanas
Sobre la obra de Santiago Cirugeda
Archfarm, Fascículos aperiódicos de Arquitectura #6, Febrero 2005
Urbanacción 07/09, Abril 2010


Gráficos de Ana Varela.

Para la mayoría de los arquitectos contemporáneos, la necesidad de disponer de un postulado teórico sobre el que cimentar su obra parece ser requisito fundamental a la hora posicionarse en el mundo actual de la arquitectura (y de paso, proporcionar una base para posteriores investigaciones y relaciones con o contra sus contemporáneos). Una manera de guiar un camino (más que marcar unos límites), de enlazar posiciones o simplemente de buscar una identidad. Y el caso que nos ocupa no es una excepción.
Sin embargo, la trayectoria de Santiago Cirugeda difiere en parte de esta noción de arquitecto "comprometido" con su tiempo. Si bien en parte su obra tiene una marcada individualidad que lo hace suficientemente reconocible dentro de la maraña mediática (algo que por cierto aprovecha en su favor, como él mismo reconoce, utilizando los mass-media como arma expansiva de sus proyectos) en la que nos hemos acostumbrado a leer la arquitectura, descubrimos en su trayectoria ciertas desviaciones que desorientan al primer intento de encasillamiento: En primer lugar, porque por más que investiguemos sus proyectos y leamos sus textos, no hayamos pistas sobre ningún nuevo enfoque de la arquitectura “a priori”; podríamos decir que sus arquitecturas tratan más un concepto que una forma, a pesar de que lo más importante sean precisamente sus casi imposibles materializaciones. Para él es algo que está ahí y que sólo está esperando a ser descubierta. En segundo, porque su actitud deliberadamente directa (respuestas inmediatas a situaciones cotidianas), no conlleva una correspondencia formal en sus propuestas (como ocurre con algunos ejemplos de la arquitectura holandesa del momento). Utiliza lo que podríamos llamar una arquitectura de la acción: estructuras que por si mismas están hablando mucho más de lo que a simple vista vemos, que llevan una carga política asociada en cuanto que son respuestas a problemas más sociales que arquitectónicos (que también).
A pesar de todo, y aunque no haga falta nada más para saber que estamos ante una arquitectura singular, lo que hace realmente que las propuestas de Santiago Cirugeda sean objeto de nuestra atención es seguramente esa actitud “no-logo”, o simplemente eso, “actitud” (por encima de la imagen). Hechando un vistazo a su producción, no podríamos entenderla sólo como una sucesión de proyectos encadenados por un intención renovadora e inconformista, sino también como una lucha contra la arquitectura del día a día, la más cotidiana y la que precisamente por ello parece haberse convertido en inmutable, en un ser porque sí.

Primer asalto. SC vs El Vacío.

Código Civil, Licencia de Obra Menor, Protección Patrimonial, Ordenanzas de Planeamiento Urbanístico, Plan General de Ordenación Urbana… Términos referidos a la arquitectura que son prácticamente dominio de abogados y especuladores, son utilizados por SC para invertir la lógica constructiva. Estas normas están no ya para ser utilizadas de la manera obvia, sino para buscar sus resquicios y entonces, atacar. No se incumplen las leyes del juego (urbanístico), se ha leído entre líneas. Proyectos que se fundamentan en la indagación de los parámetros no regulados de las leyes, aquellos no especificados o en los simplemente “según se mire”, para conseguir nuestros deseos: ¿quiero jugar delante de mi portal? alquilo un contenedor (“Ocupación de vía pública con contenedores”, Sevilla, 1997); ¿quiero leer en la vegetación? monto una cabaña en un árbol (“Ocupación de árboles con casa-insecto”, Sevilla, 2001).
Esta idea, que como él mismo recoge en algún escrito, ya había sido utilizada por Aldo Van Eyck en Amsterdam entre los años 1947 y 1955 (recuperando solares en desuso para la creación de parques infantiles en pleno centro urbano) la utiliza también para generar arquitecturas-mueble, es decir, arquitecturas no permanentes y desmontables, como si de objetos almacenados en solares desocupados se tratasen, y que no deterioran las condiciones del solar en el que están alojados. De está manera, y esquivando las leyes del PGOU, SC consigue “construir” una casa-estudio en Sevilla durante un año y un mes, y un centro social en Madrid (que aún sigue en pie) con materiales más o menos precarios y más o menos ingeniosos (casetones recuperables para forjados en lugar de paredes, estructuras estabilizadoras de fachada como estructura principal…).
Todo este proceso, hedonista a veces, comprometido otras, y metódicamente utilizado, pone sin embargo de manifiesto a su vez, problemas de ámbito urbano que nos afectan en cuanto que toda acción llevada a cabo en la ciudad (y también más allá) está regida (y momificada) por estas leyes que no parecen responder a las demandas del usuario, sino más bien a otro tipo de leyes (de mercado, del más fuerte…).

Segundo Asalto. SC vs El Lleno

Si podría parecer probable el pensar en el vacío urbano como material de proyecto, como espacio potencial que pueda ser manipulado, no lo parece tanto el utilizar las estructuras ya consolidadas (ya sean viviendas y edificios públicos construidos o viviendas por construir) con esa misma metodología: tratar de ir más allá de lo que se supone que está permitido. Sin embargo SC lo consigue buscando de nuevo entre la maraña de leyes y descubriendo que no todo está dicho. Un ejemplo de ello es el proyecto “Propiedad horizontal derivada en vertical”, Sevilla, 2000. En este caso el deseo de obtener una vivienda de cinco alturas en un bloque residencial le lleva a realizar alquileres parciales de distintas viviendas que se comunicarán por escaleras situadas en los patios de uso común de la misma. Un sistema de acuerdos y contratos con el resto de vecinos de una manera temporal y el estudio de la Ley de Propiedad Horizontal y el Código Civil permite llevar a cabo estructuras espaciales insólitas dentro del marco de la legalidad.
Otro proyecto, quizás el más representativo de está nueva actitud ante la ley, es su estudio de “Ampliación de viviendas con andamios”, Sevilla, 1998. Como si de un proceso natural se tratase, se expone primero la necesidad de espacio en las pequeñas viviendas del colmatado caso antiguo de Sevilla para después explicar la manera de solucionarlo mediante la colocación de andamios y cimentando la propuesta en el replanteo de las ordenanzas municipales. Este proyecto, expuesto ampliamente en los medios de comunicación de acceso general (método habitual de exposición de sus trabajos, como anteriormente decíamos), tenía una intención claramente concienciadora sobre qué valor tienen las leyes en la protección (o paralización) del desarrollo urbano y en qué medida cada uno de nosotros estamos también implicados en este desarrollo.
Esta interés por la personalización de la arquitectura, por que cada uno sea dueño de su espacio y por tanto de la ciudad, se lleva al extremo en el proyecto “Individualización de vivienda”, Sevilla, 2002.
Revisando la normativa aplicable a los edificios de vivienda colectiva de la ciudad moderna, SC apuesta por una extensión de los elementos privados a algunos que hasta ahora se han considerado comunes, como son la fachada o la cubierta. Una vez lanzada esta premisa (apoyada en el común acuerdo entre las partes implicadas), las viviendas se transforman irreversiblemente en algo que ya no ha sido definido por el arquitecto. Éste tendría entonces sólo la capacidad de dar una tabula rasa sobre la que los habitantes pudieran mostrar sus inquietudes e intereses, configurando así un nuevo tipo de ciudad basada en la multiplicidad (multiplicidad ya existente en cada uno de los habitantes que también la conforman y que no pueden ser regulados ni legislados por leyes que impongan un criterio del denominado “buen gusto”).

Creo que, una vez observados estos proyectos no como parte de una arquitectura de autor sino como pequeños procesos emancipadores de la cotidianeidad, podemos decir que Santiago Cirugeda no trata de generar proyectos a la carta, a la manera de las casas prefabricadas o los kits de chalets de madera para colocar en cualquier lugar. Son más un manual de fabricación, un panfleto con el modo de empleo en su interior. Lo que es esencial para él no es tanto el proyecto en sí, sino la capacidad que éstos tienen de generar sobre la gente determinadas actitudes sobre la arquitectura y la importancia que ellos mismos tienen en la creación de los entornos urbanos en los que vivimos. Son, en realidad, una Receta Urbana (término que él mismo ha acuñado) de uso extensible a cualquier ciudad y por cualquier ciudadano que tuviese las mismas necesidades; ¿y es que acaso no todos tenemos alguna vez esos deseos de cambiar lo que parece ya definitivamente escrito?