Peralta Voyeur
Concurso "Proyecto Calle". Finalista
Peralta, Navarra.
2003
con Víctor M. Orive García y Raquel Lozano Gutiérrez

Imaginemos un elemento perturbador que proporcione el estímulo necesario para alterar las miradas, un instrumento mediador entre nosotros y el paisaje que mejore la capacidad comunicadora del pueblo. Un interface de fácil manejo donde el usuario pueda re-enfocar sus propios intereses y descubrir nuevas perspectivas para el (su) pueblo.
Porque, siendo sinceros, el espacio público ha dejado de tener la función de relación social entre los habitantes, para pasar a ser una espacio ambigüo sin límites definidos donde básicamente estamos de pie o sentados generando nuestro propio y personal espacio público (¿o en realidad estamos buscando un nuevo espacio privado transitorio?) y donde se juega constantemente al mirar y ser mirados sin buscar como fin de esta acción la relación directa entre los individuos.
Ante este hecho, se buscan prototipos que interactúen con el medio y con los habitantes y que faciliten esta manera de vivir Peralta, posicionándonos en la delgada línea que separa la arquitectura contemporánea y la arquitectura temporal. Nos fijamos en las “estructuras temporales que habitan los pliegues del tejido de la ciudad existente” (Rien Korteknie & Mechthild Stuhlmachen) como las paradas de autobuses, quioscos, paradas de helados o pabellón de información..., estructuras que técnicamente pueden pueden durar mucho más tiempo del previsto y para el que han sido concebidos, y cuya fecha de caducidad será decidida por sus usuarios.
Generamos en estas circunstancias un sistema de urbanismo ligero que construye puntos de referencia nuevos o refuerza otros ya existentes, que busca provocar diferentes formas de apropiación y activación de lugares con su mera presencia, estableciendo dialogos insospechados (Ábalos & Herreros) y no pre-figurando de forma definitiva nuestro comportamiento ante ellos.
Estos cuerpos, depositados sin prejuicios sobre un territorio que los reconoce ajenos, serán los generadores de nuevas relaciones en Peralta y de vínculos de complicidad entre ellos de una manera despreocupada y deliberadamente optimista.
Proponemos un conjunto de tres estructuras metálicas recubiertas con dos capas de tejido plástico reciclable (cada objeto, un color) que se posicionan en el entorno de tres maneras diferentes: apoyado (en el mirador), volando (desde el puente) y flotando (en el río). Desde estos puntos estratégicos, cada pieza crea una serie de entornos visuales a través de unos tentáculo-visores desde los cuales poder mirar hacia las intersecciones visuales que se producen con el resto de los voyeurs: el pueblo, y los otros “mirones”.
Como una actualización y puesta en evidencia de los hábitos contemporáneos (o no tanto?) que se producen en los espacios públicos, una vez dentro de los voyeurs observamos lo que los otros voyeurs observan al mismo tiempo y también el resto de los cuerpos plásticos (en definitiva, tres visuales: pueblo, río, voyeurs).
Para reforzar aún más la sensación de duplicación visual del entorno, en el interior de los voyeurs se distorsiona la imagen que es intersección mediante un tintado en el plástico de color rojo (manipulación indirecta del entorno). Cada una de estas estructuras o voyeurs, creadas según un único patrón, varía su forma según su posición y hacia dónde dirigen su mirada. Se crea así un recorrido virtual entre las piezas; una serie de relaciones que generan arrugas, distorsiones en el espacio “plano” donde se situa Peralta.
Los límites de estas unidades no separan el interior del exterior: gracias a sus características materiales –membranas translúcidas tensadas sobre una estructura metálica- los límites se difuminan reduciendo la definición del paisaje circundante excepto el de la intersección con el resto de unidades. El interior, ventilado gracias a la circulación de aire producida entre el acceso (abierto al exterior) y el suelo (de rejilla metálica) ha sido despojado de cualquier referente a tipologías arquitectónicas, buscando un espacio único y alejado de cualquier recuerdo al lugar en el que se sitúa.
Una forma autónoma y autorreferente que determina la manera en que la ciudad y los objetos son percibidos; no basta con mirar a través de las mirillas: hay que dejarse asombrar por su forma y por cómo modifica la percepción de lo que tanta veces y con tanta facilidad nos hemos acostumbrado a observar.